Federico García Lorca (1898 – 1936)

Federico Garcia Lorca. Omaggio al Poeta | Iannozzi Giuseppe – scrittore e  giornalista

ODA A WALT WHITMAN

Por el East River y el Bronx
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.

Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.

Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.

Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.

¡También ese! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.

¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.

Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.

Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.

Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.

¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los

1930

****************************************************

Dall’Est River e sul Bronx
I ragazzi cantavano mostrando le proprie cinture
Con la ruota, l’olio, il cuoio e il martello.
Novantamila minatori estraevano l’argento dalle rocce
E i bambini disegnavano scale e prospettive.

Ma nessuno dormiva,
nessuno voleva essere il fiume,
nessuno amava le grandi foglie,
nessuno la lingua azzurra della spiaggia.

Dall’East River e sul Queensborough
I ragazzi lottavano con l’industria
E gli ebrei vendevano al fauno del fiume
La rosa della circoncisione
E il cielo scaricava sui ponti e sui tetti
Mandrie di bisonti sospinte dal vento.

Ma nessuno si fermava,
nessuno voleva essere nuvola,
nessuno cercava le felci
né la gialla ruota del tamburo.

Quando la luna sorge
Le pulegge rotoleranno per far cadere il cielo;
un limite di aghi circonderà la memoria
e i feretri porteranno via quelli che non lavorano.

New York di limo,
New York di fil di ferro e morte.
Che angelo nascondi nella guancia?
Che voce perfetta dirà le verità del grano?
Chi il sogno terribile dei tuoi anemoni maculati?

Neanche un solo momento, il bel vecchio Walt Whitman,
ho smesso di vedere la tua barba piena di farfalle,
né le tue spalle di velluto consumate dalla luna,
né le tue cosce di Apollo verginale,
né la tua voce come una colonna di cenere;
anziano bello come la nebbia
che gemevi come un uccello
con il sesso trafitto  da un ago,
nemico del satiro,
nemico della vite
e amante dei corpi sotto la stoffa grezza.

Neanche un momento, bellezza virile
Che su monti di carbone, annunci e ferrovie
Sognavi di essere un fiume e dormire come un fiume
Con quel compagno che porrebbe sul tuo petto
Un piccolo dolore di leopardo ignaro.

Nemmeno un solo momento, Adamo di sangue, maschio,
uomo solo sul mare, bel vecchio Walt Whitman,
perché sulle terrazze,
riuniti nei bar,
uscendo a grappoli dalle cloache,
tremando tra le gambe degli chauffers
o ruotando sulle piattaforme dell’assenzio,
le checche, Walt Whitman, ti sognavano.

Anche lui! Anche! E si precipitano
Sulla tua barba luminosa e pura,
biondi del nord, neri dell’arena,
masse di grida e gesti,
come gatti e come serpenti,
le checche, Walt Whitman, le checche
fosche di lacrime, carne da frusta,
stivale o morso dei domatori.

Anche lui! Anche! Dita tinte
Indicano la riva del tuo sogno
Quando l’amico mangia la tua mela
Dal lieve sapore di benzina
E il sole canta tra gli ombelichi
Dei ragazzi che giocano sotto i ponti.

Ma tu non cercavi gli occhi graffiati,
né la buia palude dove si immergono i bambini,
né la saliva gelata,
né le curve ferite come ventre di rospo
che portano i froci su vetture e terrazze
mentre la luna li sferza agli angoli del terrore.

Tu cercavi un nudo che fosse come un fiume,
toro e sogno che unisce la ruota con l’alga,
padre della tua agonia, camelia della tua morte,
e piangesse nelle fiamme del tuo equatore occulto.

Perché è giusto che l’uomo non cerchi il suo piacere
Nella selva di sangue della mattina dopo.
Il cielo ha spiagge dove evitare la vita
E ci sono corpi che non devono ripetersi nell’alba.

Agonia, agonia, sogno, fermento e sogno.
Questo è il mondo, amico, agonia, agonia.
I morti si decompongono sotto l’orologio delle città,
la guerra va piangendo con un milione di topi grigi,
i ricchi danno alle loro amanti
piccoli moribondi illuminati,
e la vita non è nobile, né buona, né sacra.

Può l’uomo, se vuole, guidare il suo desiderio
per una vena di coralli e nudo celeste.
Domani gli amori saranno rocce e il Tempo
Una brezza che si addormenta sui rami.

Per questo non alzo la voce, vecchio Walt Whitman,
contro il bambino che scrive
un nome di bambina sul cuscino,
né contro il ragazzo che si veste da sposa
nel buio dell’armadio,
né contro i solitari dei casini
che bevono con schifo l’acqua della prostituzione,
né contro gli uomini dagli occhi verdi
che amano l’uomo e bruciano le proprie labbra in silenzio.

Ma contro di voi, sì, checche delle città,
dalla carne tumefatta e dai pensieri immondi,
madri di fango, arpie, nemici insonni
dell’Amore che distribuisce corone di gioia.

Contro di voi sempre, voi che date ai ragazzi
Gocce di morte lercia con amaro veleno.
Contro di voi sempre
Faeries del Nord America,
Pájaros dell’Avana,
Jotos del Messico,
Sarasas di Cádiz,
Apios di Sevilla,
Cancos di Madrid,
Floras di Alicante,
Adelaidas del Portogallo.

Checche di tutto il mondo, assassini di colombe!
Schiavi della donna, cagne dei gabinetti,
aperti sulle piazze con febbre di ventaglio
o imboscati in erti paesaggi di cicuta.

Senza tregua! La morte
Sgorga dai vostri occhi
E ammassa fiori grigi sulla sponda del fango.
Senza tregua! Attenti!
I confusi, i puri,
i classici, i segnalati, i supplicanti
vi chiudano in faccia le porte del baccanale!

E tu, bellissimo Walt Whitman, dormi sulle rive dell’Hudson,
la barba al polo e le mani aperte.
Tenera argilla o neve, la tua lingua sta chiamando
Compagni che veglino la tua gazzella senza corpo.

Dormi, nulla resta.
Una danza di muri agita le praterie
E l’America annega tra macchine e pianto.
Voglio che il forte vento della notte più profonda
Rimuova  fiori e lettere dall’arco dove dormi
E un bambino nero annunci ai bianchi dell’oro
L’avvento del regno della spiga.

******************************************************

By the East River and the Bronx
boys were singing, exposing their waists
with the wheel, with oil, leather, and the hammer.
Ninety thousand miners taking silver from the rocks
and children drawing stairs and perspectives.

But none of them could sleep,
none of them wanted to be the river,
none of them loved the huge leaves
or the shoreline’s blue tongue.

By the East River and the Queensboro
boys were battling with industry
and the Jews sold to the river faun
the rose of circumcision,
and over bridges and rooftops, the mouth of the sky emptied
herds of bison driven by the wind.

But none of them paused,
none of them wanted to be a cloud,
none of them looked for ferns
or the yellow wheel of a tambourine.

As soon as the moon rises
the pulleys will spin to alter the sky;
a border of needles will besiege memory
and the coffins will bear away those who don’t work.

New York, mire,
New York, mire and death.
What angel is hidden in your cheek?
Whose perfect voice will sing the truths of wheat?
Who, the terrible dream of your stained anemones?

Not for a moment, Walt Whitman, lovely old man,
have I failed to see your beard full of butterflies,
nor your corduroy shoulders frayed by the moon,
nor your thighs pure as Apollo’s,
nor your voice like a column of ash,
old man, beautiful as the mist,
you moaned like a bird
with its sex pierced by a needle.
Enemy of the satyr,
enemy of the vine,
and lover of bodies beneath rough cloth…

Not for a moment, virile beauty,
who among mountains of coal, billboards, and railroads,
dreamed of becoming a river and sleeping like a river
with that comrade who would place in your breast
the small ache of an ignorant leopard.

Not for a moment, Adam of blood, Macho,
man alone at sea, Walt Whitman, lovely old man,
because on penthouse roofs,
gathered at bars,
emerging in bunches from the sewers,
trembling between the legs of chauffeurs,
or spinning on dance floors wet with absinthe,
the faggots, Walt Whitman, point you out.

He’s one, too! That’s right! And they land
on your luminous chaste beard,
blonds from the north, blacks from the sands,
crowds of howls and gestures,
like cats or like snakes,
the faggots, Walt Whitman, the faggots,
clouded with tears, flesh for the whip,
the boot, or the teeth of the lion tamers.

He’s one, too! That’s right! Stained fingers
point to the shore of your dream
when a friend eats your apple
with a slight taste of gasoline
and the sun sings in the navels
of boys who play under bridges.

But you didn’t look for scratched eyes,
nor the darkest swamp where someone submerges children,
nor frozen saliva,
nor the curves slit open like a toad’s belly
that the faggots wear in cars and on terraces
while the moon lashes them on the street corners of terror.

You looked for a naked body like a river.
Bull and dream who would join wheel with seaweed,
father of your agony, camellia of your death,
who would groan in the blaze of your hidden equator.

Because it’s all right if a man doesn’t look for his delight
in tomorrow morning’s jungle of blood.
The sky has shores where life is avoided
and there are bodies that shouldn’t repeat themselves in the dawn.

Agony, agony, dream, ferment, and dream.
This is the world, my friend, agony, agony.
Bodies decompose beneath the city clocks,
war passes by in tears, followed by a million gray rats,
the rich give their mistresses
small illuminated dying things,
and life is neither noble, nor good, nor sacred.

Man is able, if he wishes, to guide his desire
through a vein of coral or a heavenly naked body.
Tomorrow, loves will become stones, and Time
a breeze that drowses in the branches.

That’s why I don’t raise my voice, old Walt Whitman,
against the little boy who writes
the name of a girl on his pillow,
nor against the boy who dresses as a bride
in the darkness of the wardrobe,
nor against the solitary men in casinos
who drink prostitution’s water with revulsion,
nor against the men with that green look in their eyes
who love other men and burn their lips in silence.

But yes against you, urban faggots,
tumescent flesh and unclean thoughts.
Mothers of mud. Harpies. Sleepless enemies
of the love that bestows crowns of joy.

Always against you, who give boys
drops of foul death with bitter poison.
Always against you,
Fairies of North America,
Pájaros of Havana,
Jotos of Mexico,
Sarasas of Cádiz,
Apios of Seville,
Cancos of Madrid,
Floras of Alicante,
Adelaidas of Portugal.

Faggots of the world, murderers of doves!
Slaves of women. Their bedroom bitches.
Opening in public squares like feverish fans
or ambushed in rigid hemlock landscapes.

No quarter given! Death
spills from your eyes
and gathers gray flowers at the mire’s edge.
No quarter given! Attention!
Let the confused, the pure,
the classical, the celebrated, the supplicants
close the doors of the bacchanal to you.

And you, lovely Walt Whitman, stay asleep on the Hudson’s banks
with your beard toward the pole, openhanded.
Soft clay or snow, your tongue calls for
comrades to keep watch over your unbodied gazelle.

Sleep on, nothing remains.
Dancing walls stir the prairies
and America drowns itself in machinery and lament.
I want the powerful air from the deepest night
to blow away flowers and inscriptions from the arch where you sleep,
and a black child to inform the gold-craving whites
that the kingdom of grain has arrived.

Informazioni su Marco Vignolo Gargini

Marco Vignolo Gargini, nato a Lucca il 4 luglio 1964, laureato in Filosofia (indirizzo estetico) presso l’Università degli Studi di Pisa. Lavora dal 1986 in qualità di attore e regista in rappresentazioni di vario genere: teatro, spettacoli multimediali, opere radiofoniche, letture in pubblico. Consulente filosofico e operatore culturale, ha scritto numerose opere di narrativa tra cui i romanzi "Bela Lugosi è morto", Fazi editore 2000 e "Il sorriso di Atlantide", Prospettiva editrice 2003, i saggi "Oscar Wilde – Il critico artista", Prospettiva editrice 2007 e "Calciodangolo", Prospettiva editrice 2013, nel 2014 ha pubblicato insieme ad Andrea Giannasi "La Guerra a Lucca. 8 settembre 1943 - 5 settembre 1944", per i tipi di Tra le righe libri, nel 2016 è uscito il suo "Paragrafo 175- La memoria corta del 27 gennaio", per i tipi di Tra le righe libri; è traduttore di oltre una trentina di testi da autori come Poe, Rimbaud, Shakespeare, Wilde. Nel 2005 il suo articolo "Le poète de sept ans" è stato incluso nel 2° numero interamente dedicato a Arthur Rimbaud sulla rivista Cahiers de littérature française, nata dalla collaborazione tra il Centre de recherche sur la littérature français du XIX siècle della Università della Sorbona di Parigi e l’Università di Bergamo. È stato Presidente dell’Associazione Culturale “Cesare Viviani” di Lucca. Molte sue opere sono presenti sul sito www.romanzieri.com. Il suo blog è https://marteau7927.wordpress.com/ ****************** Marco Vignolo Gargini, born in Lucca July 4, 1964, with a degree in Philosophy (Aesthetic) at the University of Pisa. He works since 1986 as an actor and director in representations of various kinds: theater, multimedia shows, radio plays, readings in public. Philosophical counselor and cultural worker, has written numerous works of fiction, including the novels "Bela Lugosi è morto", Fazi Editore 2000 and "Il sorriso di Atlantide," Prospettiva editrice 2003, essays "Oscar Wilde - Il critico artista," Prospettiva editrice in 2007 and "Calciodangolo" Prospettiva editrice in 2013, in 2014 he published together with Andrea Giannasi "La guerra a Lucca. September 8, 1943 - September 5, 1944," for the types of Tra le righe libri, in 2016 he published "Paragrafo 175 - La memoria corta del 27 gennaio", for the types of Tra le righe libri; He's translator of more than thirty texts by authors such as Poe, Rimbaud, Shakespeare, Wilde. In 2005 his article "The poète de sept ans" was included in the 2nd issue entirely dedicated to Arthur Rimbaud in the journal "Cahiers de littérature française II", a collaboration between the Centre de recherche sur la littérature français du XIX siècle the Sorbonne University Paris and the University of Bergamo. He was President of the Cultural Association "Cesare Viviani" of Lucca. Many of his works are on the site www.romanzieri.com. His blog is https://marteau7927.wordpress.com/
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